Tu necesitas unirte al Ejército de Dios


Estaba saliendo un día de Navidad de la iglesia con la familia, y el sacerdote estaba de pie en la puerta saludando a los feligreses como lo hacía siempre.

Al salir me dió la mano y me dijo:
“Tu necesitas unirte al Ejercito de Dios”

Yo le respondí:
“Yo ya estoy en el ejercito de Dios, padre”

Y el sacerdote me preguntó:
¿Por qué entonces no te veo en misa a excepción de la Navidad y la Pascua de Resurrección?

Entoces me acerque y le susurré al oido:
“Es que estoy en el servicio secreto.”

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