Es un hecho comprobado el que los hombres no pueden ir de compras. Esta es la historia que relata una persona a la que le ocurre eso con su esposa. Un hombre y una mujer pueden ir juntos a muchos sitios. Pueden ir juntos al cine. Pueden ir juntos a la playa. Pueden ir juntos al Sáhara o a Soria. Hasta pueden irse juntos a la cama. Pero adonde jamás, jamás, jamás deben ir juntos es... de compras. No. En eso somos incompatibles. Yo, porque no lo aguanto. Ella, porque dice que la estreso. ¡Qué la estreso! De entrada, te engaña: Cariño, no vamos a tardar anda... Y te tiras seis horas de compras. Luego, te asusta: vas con ella por la Gran Vía y de repente...¡Abducción! ¿Dónde está? Miras a un lado y a otro...¡Ha desaparecido! Cuando la encuentras está como Spiderman, pegada a un escaparate: Pero mira qué suéter... Los hombres somos diferentes. Nos interesan las cosas prácticas, útiles, realmente indispensables. Yo qué sé: barbacoas, un gato para el coche, una caja de herramientas con setent...
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